Inmerso
Estoy detenido a las puertas de un edificio emblemático de Madrid, convocado desde la semana pasada y la sobriedad del edificio no va acorde con mi atuendo informal.
Pero da igual, asi que me arreglo el cuello y entro.
Accedo a una sala rectangular junto con unas 15 personas.
Esperamos.
Llegan dos chicas y nos sirven café y galletitas de chocolate. Yo solo tomo el café, eso sí, con mucho azúcar.
Empieza la sesión y de inmediato desconecto de todo lo que allí sucede.
Pienso en todo lo que hay afuera de ese edificio, el clima, las tiendas, los coches, la gente... El tiempo pasa despacio, pero pasa inexorablemente, indicado pou gran reloj dentro de la sala rectangular que emula al que encabeza por fuera al edificio.
El minutero apunta al norte y su hermano mayor al norte.
Son las 18 horas y nos agradecen a todos el haber asistido.
Nos despedimos.
Salgo por la puerta y bajo por la calle y su gran acera, tan amplia.
Y voy pensando en el edificio, su gran reloj y todo lo que allí adentro había.
Así, en ese estado, me sorprende el final del día.
Y una brisa refresca mi cabeza, muy acorde con mi atuendo, y regreso a casa caminando apaciblemente.
Pero da igual, asi que me arreglo el cuello y entro.
Accedo a una sala rectangular junto con unas 15 personas.
Esperamos.
Llegan dos chicas y nos sirven café y galletitas de chocolate. Yo solo tomo el café, eso sí, con mucho azúcar.
Empieza la sesión y de inmediato desconecto de todo lo que allí sucede.
Pienso en todo lo que hay afuera de ese edificio, el clima, las tiendas, los coches, la gente... El tiempo pasa despacio, pero pasa inexorablemente, indicado pou gran reloj dentro de la sala rectangular que emula al que encabeza por fuera al edificio.
El minutero apunta al norte y su hermano mayor al norte.
Son las 18 horas y nos agradecen a todos el haber asistido.
Nos despedimos.
Salgo por la puerta y bajo por la calle y su gran acera, tan amplia.
Y voy pensando en el edificio, su gran reloj y todo lo que allí adentro había.
Así, en ese estado, me sorprende el final del día.
Y una brisa refresca mi cabeza, muy acorde con mi atuendo, y regreso a casa caminando apaciblemente.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home