domingo, enero 28, 2007

Kmkz

Desde la avanzada perfectamente alineada surguió el pensamiento de un guerrero menor de color blanco:
- "Soy un kamikaze".
Así pensó por delante de la esbelta torre de su mismo color.

Furiosos caballos, de dos tonos, retozaban a su lado.
Mira!, mira!, allí va el reluciente caballero blanco, protegido por el monje de daga afilada. Qué maniobra.
Oh!, qué dolor!, se ha entregado el caballero, y con él su coraje y su destreza, pero a cambio hemos protegido lo que más amamos.

La Dama.
No el rey, la dama.

¿No se trata de eso la vida?, ¿no se trata de eso la guerra sobre dos entramados?, ¿la batalla?
Y un poco de tiempo, si que hemos ganado.

- No me importa avanzar solo. Mi dama lo entenderá.
Y el enemigo quedará desconcertado. No adivina que este pobre peón blanco ha jugado mil veces este juego.

*

Epílogo.-
La blancas ganaron.
El peón murió en la maniobra, pero la Dama negra quedó tan perturbada por ese acto de amor en el campo de batalla enemigo, que no halló inspiración para ganar la partida.
Y es que no había peones tan entregados en sus filas.

Hábito


Tengo un mal hábito que se desvela en esta foto.

*

miércoles, junio 09, 2004

Inmerso

Estoy detenido a las puertas de un edificio emblemático de Madrid, convocado desde la semana pasada y la sobriedad del edificio no va acorde con mi atuendo informal.
Pero da igual, asi que me arreglo el cuello y entro.

Accedo a una sala rectangular junto con unas 15 personas.

Esperamos.

Llegan dos chicas y nos sirven café y galletitas de chocolate. Yo solo tomo el café, eso sí, con mucho azúcar.

Empieza la sesión y de inmediato desconecto de todo lo que allí sucede.
Pienso en todo lo que hay afuera de ese edificio, el clima, las tiendas, los coches, la gente... El tiempo pasa despacio, pero pasa inexorablemente, indicado pou gran reloj dentro de la sala rectangular que emula al que encabeza por fuera al edificio.

El minutero apunta al norte y su hermano mayor al norte.

Son las 18 horas y nos agradecen a todos el haber asistido.
Nos despedimos.

Salgo por la puerta y bajo por la calle y su gran acera, tan amplia.

Y voy pensando en el edificio, su gran reloj y todo lo que allí adentro había.

Así, en ese estado, me sorprende el final del día.

Y una brisa refresca mi cabeza, muy acorde con mi atuendo, y regreso a casa caminando apaciblemente.

martes, junio 08, 2004

El primer Post

He dado muchas vueltas por ahí, encantado de comentar blogs que me han gustado.

Probaré tomar un año sabático.

Seguro, que algunos, me echarán de menos al empezar esta travesía.